7.15.2009

la onda.

el acorde;
raíz de lo próximo,
conjuro de sombras venideras.

en el toque
se respiran los huesos,
pesos de expectativa:
entonces un encuentro y entro
en la conciencia,
navego en ella,
entre sus olas
y adiós.

se fue,
ya no canta
sino en mi.

5.06.2009

...

Para no hablarte, me escribo,
Inscribo los muelles,
surcos de esta curva vaga,
que muestra su caos danzante
Ante lo inesperado de su naturaleza.
Las cúspides, suspendidas en los cálculos
Se muestran explicables: la conciencia
En las nuevas geometrías.

Se han sumado puntos,
Esto, esta costumbre duele,
En cuanto se expande
La forma que desea
Ser sólo
Lo que no es.

No hay escudo para la palabra,
La sintonía converge,
Se arrastra en las dimensiones
-suspendidas-
A lo largo del eco,
A lo ancho del hecho:
El trecho, es la luz revestida,
Lo relativo a lo que la demuestra,
Anchas ondas, olas
Que esconden
Lo que muestran ausentes,
Presentes en cada instancia,
En cada golpe.

4.20.2009

unfili.

la densa memoria
se dirige a si misma,
como un discurso en una plaza
cargado de telas y flores,
de honores tersos,
tergiversos
cantan
los posible comienzos,
finales que culminan,
en los bordes de la palmada,
con el dedo que funde dimensiones:
anida en la punta,
en lo que apunta,
es el mismo recuerdo,
la misma cuerda,
el mismo hilo, nocturno,
que rodea los tiempos,
el tiempo:
.......... ...........
ahora
la mañana se humedece
en tus tibiezas sagradas.

11.15.2008

en ti y en mí.

si se escapa de un silencio,
del extraño tropo escondido,
si de las manos un roce
en búsqueda de tu mejilla,
transgrede esas paredes,
siempre espesas, movedizas,
y de esas curvas que preceden
tal fuerza inexorable,
surgen otras cosas tales:
fuentes de ojos que salpican,
símbolos que blancos se suicidan
mano con mano se avivan,
tales cosas,
ya no vacías.

cuando quiebra la cronología
la secuencia de los besos
escapa nuevamente,
escapan siempre,
identidades que dibuja
opaco y silente.

escapa y se encuentra,
en sí,
en ti y en mí.

11.07.2008

algo chévere.






9.15.2008

moiras.

crezco en el día
nacido de las aguas
que nacen en los tugurios.
de la silla hecha de manos,
de la tela oscura
que es la piel y el silencio
de los muertos y olvidados.

muero en el día,
muerto en la tierra
que habita la mirada.

8.26.2008

burda apología a Alceo.

no he escrito una puta linea que valga la pena desde que llegué.

por qué queremos habitar la tristeza luego del orgasmo?
puto síndrome del poeta,
quien se lanza con las manos hacia el agua
que se emputa, cuando para no gritar
se fuma un cigarrillo
y se quema, con el rostro del constante,
con el pulso de la barra de malamuerte,
con las cunetas pintadas de amarillo,
cerveza en mano.

(puñeta dónde estamos parados
cuando nunca hemos entendido el pedo?)

y nos vemos consagrados putrefactos,
sacerdotes, purificándonos con el suelo,
con la tierra que nos hala por el pelo.

(puñeta estoy un poco en pedo)

nos pintamos amarillos y horizontales,
con soles que mueren con nosotros,
con lentas lapas que diseñan el camino
de las tantas volutas clandestinas
de tantas fokin esquinas
que siempre serán nuestras
en victoria y en pobreza,

"mera papi, cálgame pol favol hasta la mesa."

5.25.2008

la llegada.

Otra vez, el despertador canta su tonadita ya demasiado familiar, reconocible en cualquiera de sus manifestaciones posibles. Se abren mis ojos y por instinto mi mano encuentra mi cara para darle la primera sacudida del día. Me doy cuenta que me encuentro en el mismo lugar, en el mismo lado de la cama, con el mismo sueño, en un mismo tiempo (6:17), circunscrito a rutinas impuestas por algún poder jerárquicamente aceptable, acatable inconscientemente, que se filtra en todo para restarle un poco de sentido a los segundos, los cuales uno encima del otro se superponen como en una imponente pared de ladrillos, y que le suma proximidad y definición a un final inexorable.

Esta mañana ya no era yo, -yo- era un otro distante, pero el orden de la costumbre ya no dejaba que me preocupara de cosas tan innecesarias como pensar: necesitaba salir de la cama, ponerme las sandalias, caminar unos pasos hacia el baño, mirarme en el espejo, lavarme los dientes, ir a la cocina, prepararme algo de comer, regresar al cuarto donde la noche anterior había seleccionado la ropa que hoy me pondría, vestirme, despedirme de Lucky, salir a trabajar.

La repetición hace olvidar o simplemente no permite prestar atención a la vida misma, a través de la experiencia, porque luego de aquel día, continué yendo al trabajo, construyendo sobre el tiempo una existencia, que se deslizaba, escapaba.

Ya no era yo, mi cuerpo se había despedido de mi alma aquella mañana, minutos antes de que sonara el despertador. Estaba allí, mi cuerpo y yo, en la cama, donde último lo dejé, pudriéndose a merced del tiempo, mi alma continuaba lo que él había comenzado, la muerte había llegado en vano. La costumbre lo arropaba todo.

5.22.2008

odilla a la maquinilla.

fragmento:

semejante lo que canta el martillo en su ascenso,
lo que calla el acero huérfano de su geometría,
de su negra fibra horizontal,
empapada de susurros sube y baja:
delinea la palabra a puñetazos,
que dispara,
como bólido
o mancha
o contorno
o sombra,
algún recuerdo que se amarra el cuello
con el hilo que lo sostiene,
con ánimos de ser carne.

(...le hace el amor a lo Coltrane)

y acaricia lo que ya es rendija y ola,
un tanto falto de tiempo,
cuando infiltra nuevos acordes y caídas,
que se conjugan poco a poco en las caras,
consagrando un baile de cuerpos errabundos
que comunican los sudores, sin tacto:
extremos que se intersecan en la blancura
de la piel que se extiende de mis dedos al frío.

5.09.2008

coñáso.

"la esperanza
dispone de tantos
terrenos baldíos"

Oli.

espiga constante,
entre tímidas luciérnagas,
sudor de azules y escarlatas,
dagas vestidas de paciencia:

la mano busca los ojos,
se ha perdido en derroteros,
en canastas, labios, costumbre,
en cada infierno que duerme.

4.21.2008

entonces quiero.



luego corres, buscas la mano tibia de quien te antecede sólo a dos pasos apresurados. miras su cuello fijamente intentando hacerle girar, intentando una mirada, para que vea tu cara que sonríe y la mano que se estira en el aire helado que golpea y ondea en su pelo. ya no saben hacia dónde van, ya no queda mapa sino el beso. ahora, a dónde ir?

- yo quiero quedarme en el bolsillo izquierdo de su chaqueta. -

4.20.2008

solesoledad.

te quería insospechada,

que te adentraras un momento,

que balancearas entre manos una puerta,

y que no fueras tú, sino tu idea, tu recuerdo,

la gota perfecta que se dispara entre el aire tibio

hasta mis ojos

y hace llorarse a sí misma, escapando,

arrastrando a otras gotas

que ya rodando

no son sólo gotas.

que sean todas las ciudades y ni una sola

las que abracen predilectos golpes de nieve,

de lluvia que se fermenta en las clavículas,

que se convierte en sangre para limpiarnos la frente

y peinarnos, y enredarnos, y volvernos a enredar.

3.30.2008

La palabra y otras imágenes

no hay que construir un puente con ojos,

con la sal de la miel que se oculta,

con el sigilo del dedo que aborda.


no es con ventanas que lloramos el otoño,

ni con melancolía devienen capullos de primavera,

ni del tiempo fugitivo engendramos la vida.


no se revela la palabra del latido vertical

en la punta de la lengua clandestina.


no hay que abrazar con soledad a la lluvia,

ni enterrarse como sombra en las esquinas.


no es en el fuego donde las manos

se clavan en los oídos para no hundirse,

evaporarse en paredes y aceras lastimadas con sangre.


no de signos están hechos los murmullos,

ni de carne las espadas y las huellas.

3.07.2008

XIII.

en la insondable norma,
quizá un paisaje equívoco.

regresas y parece que te vas,
con un vaivén de milonga.
hablas, las ganas chispean,
tu risa es un gorgojeo que va de prisa,
anhelante de vuelos definitivos, tu corazón.

llovizna de incómodos comentarios,
tu coqueteo pertinaz y recatado,
indecisa, una suspensa explosión
de augurios y piernas, tu voz.

en el espejo de las manos te reconoces,
hurgando entre los ríos perdidos,
te desvaneces.
atolondrada, siguiéndote
un abrir y cerrar de tijeras.

siempre viva, temerosa angustia y desánimo,
y no surge la cólera y no grita la furia.

¿quién te persigue sobre las copas y las ramas?
temes acaso,
una rapsodia de burbujas de vida,
o verte desnuda mientras vestida,
la elegancia de la rosa en su enbestida.
no por creer que andas, avanzas,
ni por abrazar mucho, amas,
ni siquiera por entregarte un tanto, vives.

despega la felicidad como un gorrión,
como la necesidad de ser aceptada.

no la dejen vestida y sin fiesta,
que duerma la niña, después de colar la ternura,
siempre, en el canto de la luz,
hay un hálito de vida que florece,
y nos perfuma el día.

Puedes leer.

Puedes leer
el verso escondido
en la intimidad del corazón,
y preguntar a la soledad,
sobre la puerta,
cerrando ventanas.

Cuando se nuble el tacto,
y la lluvia se refugie en tus clavículas,
buscarás la memoria con las manos.

De un ayer lleno de presente,
tu cuerpo se imantará,
orientando la mirada,
al norte de tu boca.

Sólo el dedo que recorre,
el acusado perfil de tus cejas,
abordará hendiduras y pliegues,
en recurrentes deleites.

Y serás conocida,
reconociéndote en la caricia,
en mayos de expectativa,
y agostos de manantial.

Titilar de párpados.
se resbala la noche,
y se repliega el día.
repeticiones y luminosos ojos,
inundados de cielo.

Palma de deseo, como arabescos.
Sólo tu piel, adivina,
la certidumbre de lo incierto,
y el sosiego de la soledad,
que humedece los territorios.

Pretérito sobre tus labios.
Balbucir de nostalgias,
gemidos sin duelo,
ensueño, puro sueño.

Agitar despedidas,
con aroma a recuerdo.

Entonces la costumbre.

" No hay nada que una más rápido a la gente (aunque sólo sea en apariencia e ilusorio) que una comprensión mutua triste y melancólica; este ambiente de serena compasión, que adormece todo tipo de temores y prejuicios y es comprensible para un alma sutil o vulgar, instruida o simple, es el modo más sencillo de acercamiento y es, sin embargo, muy poco frecuente: el problema es que hace falta dejar de lado el modo de «llevar el alma» que uno ha cultivado, los gestos que ha cultivado, la mímica habitual, y ser sencillo; no sé cómo fui capaz de lograrlo (de repente, sin prepararme), cómo pude lograrlo yo, que andaba siempre vacilante, como un ciego, en pos de mis rostros artificiales; no lo sé, pero lo percibí como un regalo inesperado y una liberación repentina. "

fragmento de "La Broma" de Milan Kundera.

Puente.

esperanza, como un eco es la ventana,
en espera de armas de carne,
un incontenible grito de supervivencia,
que muerda tanta nostalgia
y se lance al amor compartido;
peso de témpanos como puertas,
de ternuras ciertas, en colores de cuna,
para llenar las honduras.
sí, has vuelto de tus manos estandartes,
pero, la tierra aún invita las hojas a sus raíces,
solícitas y solitarias.
siente, la espesura,
se nos hace tarde para humedecer las lágrimas,
para volar los gritos,
acuñar los sueños.

que nos queme un vendaval de intentos,
de propósitos y logros,
que arrullen violines la alegría.

cómo cabe tu felicidad
en una cajita azulada,
en una vida manoseada de encuentros,
con presente ilustrado,
y un manojo de nervios yertos
vueltos al cielo?

dónde están los espejos,
tu silueta de espuma y azogue?
- junto a los cipreses ensimismados,
donde se abrazan las corrientes,
se apacigua el llanto hondo
y aumenta el perímetro del otoño.

permanecen redondos los soles,
lugar de longitudes mansas;
deviene la escasa vida
en el tumbar de camas.
hay una casita ambulante,
sin esquinas,
cuatro ventanas al sur,
tres patas de conejo,
un techo de cuatro aguas,
y un pasaje de ida.

Desaprender.

QUÉ ES EL LENGUAJE POÉTICO

Mairena en su clase de Retórica y Poética:

-Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa".

El alumno escribe lo que se le dicta.

-Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.

El alumno, después de meditar, escribe: "Lo que pasa en la calle".

Mairena:
-No está mal.


Fragmento del libro "Heterodoxia" de Ernesto Sábato.

Apología.

tímidas entre dedos se filtran,
cronologías de surcos,
golpes amarillos como líneas
construidas con sangre.

y de cama en cama
van colocando los extremos,
y deviene el sudor negro
de rechinantes columnas.

aleteo que se clava
en la canasta del pecho
tras la huella viva,
el regreso.

y no habita,
no cabe la sola nota
que unifica con el polvo
la presencia.


.............................................


(se instala el hastío
y el árbol pregunta:
dónde penden las hojas?
cuáles verdes?

se instala la voz,
polifónico designio,
consecutiva carne
del eco milenario.)

IV.

At last, y tu mano casi me arrancaba el cigarrillo, aún a mitad, de la boca: querías bailar. My lonely days are over. Me termino éste y bailamos, no podía esperar, and life is like a song. El humo que emanaba el cenicero, ascendente, tan predecible, parecía pedirle perdón a la luz mientras abrazaba la bombilla, quizá buscando un poco de calor: una premonición. Buscabas el centro, una tendencia que aún no comprendo, porque aparentemente eres tí-mi-da. En ese momento la ginebra ya permitía que la música me moviera hasta el último cabello. Esperabas quieta en tu loza perfectamente seleccionada, central, no sé si con esa elección querías decir algo, justificar algún otro suceso. At last, insistía Etta. Mirando de reojo la barra casi vacía te abracé, bueno, nos abrazamos, siempre he creído en la igualdad en estos casos. Casi por inercia empezábamos a pendular al ritmo de una balada, oh so blue, que hemos escuchado incontables veces, pero que siempre guarda una pequeña sorpresa, algo que te hace cantar casi por instinto ese glorioso AT LAST, que ahora pienso ha marcado tantas veces tantos comienzos: improbables finales. Hablabas, pero no querías siquiera abrir tu boca, tu mano buscaba el centro, otra vez, sentía en mi espalda cristales molidos, tus dedos hablaban un lenguaje pretérito, prehistórico. Te (per) seguía, te buscaba, poco a poco tu hombro se llenó de mi rostro, o viceversa, ya no estoy muy seguro. Seguía hablándote, intentando un nuevo párrafo, otro verso que se fundiera con el vaivén borracho y acuático. Abrazaba tu cintura húmeda y mi antebrazo lo sentía tan cercano a mí, tenía miedo de que desaparecieras un poco si te apretaba demasiado. Un exprimir de ganas, entendí. Seguías hablando ese lenguaje anterior a cualquier lenguaje, una raíz que conocía el hombre desde que era hombre: homo sapiens, homo faber, finalmente homo ludens. Nos seguía acompañando el juego del humo que fielmente subía, y sentía que subíamos, parecíamos espectros, escalábamos las gotas de sudor que la proximidad había conjurado, porque ya no había otra cosa que hacer. Emulábamos el humo como si quisiéramos perdernos en la espiral, nos dibujábamos ondulantes, como nunca, como hace tres años. Quizá besé tu cuello, quería hacerlo, sentía que sonreías tiernamente, quería que sonrieras, pero ya no pude ver tu boca. Nosotros flotando, y la morena que cantaba por primera vez aquella canción para nosotros, solos y gracias, anunciaba el final, a flor de piel y sal, con el definitivo you are mine, you are mine, at last, at last, at last… Tus ojos pedían aplausos y pensaba que a esa canción le seguía algún número increíblemente rápido, un blues de Bird, algo como Dizzy Atmosphere; igual habíamos escogido las ocho canciones que cañoneara próximamente la victrola, pero no recordaba qué iba ni en segundo ni en quinto lugar en la lista; recuerda que no recuerdo muy bien en ocasiones. Aplausos, claro, el suelo te dio aplausos, esos sí los recuerdo, en serio, aplaudían las suelas intranquilas, los roces con las lozas cubiertas de polvo de ciudad urbanoturisticovespertinocolombina, las conversaciones infinitamente ajenas, banales e ininteligibles. Esa infinidad de murmullos lo empapaba todo, ese era nuestro silencio, descanso, en la espera de la victrola que nos arrebataría en momentos la posibilidad de los no-tan-malos-entendidos. Ya no bailaría más y mi cigarrillo se había consumido, no esperaba un fénix, así que te pedí otro cigarrillo. Me acariciabas el pelo, no te bastaba el vuelo, ahora entiendo que la finalidad del baile no era el baile en sí, nunca lo es, el baile era un catalítico que rajaba la noche en dos permitiendo un abanico de posibilidades y finalidades diversas, digamos opciones deseables. Cristo, un ginandtonic para el caballero y agua para mí, yo invito. En el momento daba lo mismo un-trago-más-un-trago-menos, estaba un poco ebrio y te deseaba, punto. Efectivamente era Bird, pero se deslizaba sobre Anthropology, igual ya no quería bebop, quería escapar un rato de aquellas paredes repletas de firmas locas y de tiempo muerto. Creo que leíste mis ganas de un escape furtivo porque rápidamente seguiste el hilo de lo que pensaba: este es el último y nos vamos (a dónde?). Apretaba el paso y la ginebra desaparecía. Te despedías de Cristobal, el compatriota de la barra, le decías que lo amabas, un poco. El sonreía como queriendo consumar tu afirmación; el hombre parecía amar su trabajo. Te despedías con un abrazo y unos cuantos besos; me agradaba esa familiaridad que no esperaba de tí. Ciao, nos veremos luego, quizá el año que viene, hasta siempre mon amour, y a nuestra partida seguían aplaudiendo el puñado de espectadores que parecían agradecidos por la estela de jazz que habíamos dejado atrás. At last, era ahora un eco en la memoria de tus dedos, tu hombro y mi antebrazo. En la distancia aún nos perseguía el trino metálico, a doble tiempo, como si tal cosa fuese posible.




Discografía:

At Last, compuesta por Mack Gordon y Harry Warren, interpretada por Etta James en el disco titulado igual que la canción (1961).

Antropology, compuesta e interpretada por Charlie "Bird" Parker en el disco titulado igual que la canción (1947).